29/12/2009

Fervor barroco para el tercer milenio


La extravagancia, el sensacionalismo, la opulencia y la originalidad que dieron identidad y poderío al imaginario visual del barroco regresan puestas al día para el tercer milenio en el arte contemporáneo más rabioso. Reinterpreta y actualiza los temas y la iconografía de la cultura del seicento. "Obras violentas, sensuales y francas, que subvierten cualquier categoría y exceden cualquier definición", explican los comisarios Eduardo Cicelyn y Mario Codognato. Han seleccionado 28 artistas, grandes nombres del star system del arte actual, y algunas de las obras más mediáticas y controvertidas de los últimos años para una sorprendente muestra. Titulada Barock: Arte, ciencia, fe y tecnología en la edad contemporánea, se celebra en el Museo d'Arte Contemporanea Donna Regina (MADRE), en Nápoles, cómo no, cuna del barroco.
El estilo, protagonista el otoño expositivo en media Europa, recibe aquí una atención novedosa. Y vuelve a probar que el barroco interesa. Una de las muestras de la temporada en Londres es Lo sagrado hecho real, que ha conquistado a las audiencias con sus dramáticas tallas de arte sacro español del siglo XVII. Acaso sea porque, como se comprueba en la cita de la National Gallery, comisariada por Xabier Bray, un insospechado puente artístico conecta la escultura barroca y el hiperrealismo más rompedor. O quizá, según explican los expertos de la cita napolitana, porque pareciera como "si el arte -tanto en el siglo XVII como ahora- tuviera que ser cada vez más osado para reinventar un mundo en el que los avances científicos y tecnológicos ponen en duda todas las certezas y el fervor religioso lleva al fundamentalismo y la masacre".
Las decisiones que la pareja ha tomado para la exhibición Barock se antojan idóneas. Una de las etapas obligadas del grand tour, el viaje iniciático por el sur de Europa de los aristócratas, era la Cartuja de San Martino en Nápoles. El enclave, símbolo del triunfo del barroco, era célebre por su cementerio decorado con las reproducciones de las calaveras de los monjes, elemento característico de los gustos fastuosos, decadentes, experimentales y morbosos de aquella época. Más de tres siglos después la joven italiana Giulia Piscitelli, en una acción relámpago -sin permisos ni sofisticados aparatos- las ha fotografiado para la exposición tocadas con cascos de obrero de la construcción.
Empezando por el tiburón tigre más caro de la historia, que Damien Hirst sumergió en formaldehído para convertirlo en obra de arte, el recorrido tiende un puente entre el siglo XVII y la actualidad, marcado por las pelucas de Sislej Xhafa, el fantasma de la religión de Shirin Neshat, y los ralladores gigantes que Mona Hatoum convierte en inquietantes camas, instrumentos de tortura y placer a la vez.
El encanto perverso y barroco de la provocación se plasma en la hiperrealista mujer crucificada de Maurizio Cattelan, célebre por su polémica escultura del papa Juan Pablo II derribado por un meteorito, que estos días adquiere tintes premonitorios.
El juego entre realidad y ficción, la sublimación de la decadencia y la muerte y las contradicciones del progreso, análogas a las que caracterizaron la edad barroca, se materializan en la serie Los desastres de la guerra de Goya reinterpretados por Jake & Dinos Chapman, las ambigüedades visuales de Anish Kapoor, el delfín lastrado por los símbolos del bienestar de Jeff Koons, la irónica Union Jack en clave gay de Gilbert & George y los lightboxes de Jeff Wall, donde tres hombres transportan un motor como si se tratara del Cristo del Descendimiento de la cruz de Caravaggio.
Como símbolo de estos tiempos inquietos y faltos de certidumbres, están los rostros retratados en las 72 fotografías sumergidas en el agua de la instalación de Antonio Biasucci, un monumento a los esclavos del siglo XXI, víctimas de la mar y de un sistema socioeconómico que sitúa los derechos humanos por debajo de los intereses que rigen tanto las modernas democracias capitalistas, como los Estados nacionales en el siglo XVII.
La muestra coincide muy apropiadamente con la gran manifestación Retorno al Barroco. De Caravaggio a Vanvitelli, compendio de las obras maestras de este periodo, que se celebra en los seis principales museos de la ciudad. El proyecto reúne más de 500 piezas procedentes de colecciones públicas y privadas italianas y extranjeras, empezando por las sombrías pinturas de Caravaggio, cuya llegada a Nápoles (dónde, si no) en 1606 marcó el inicio de la época barroca. Aquello fijó el comienzo de un viaje que estos días se cierra en un sorprendente círculo artístico. Noticia completa

12/12/2009

El museo Victoria&Albert reescribe la historia del arte


Un caudal de luz natural envuelve el impresionante despliegue de tesoros medievales en el museo Victoria&Albert, proponiendo una nueva mirada hacia ese mundo que tantos visitantes percibían como la "edad oscura". En esa novedosa puesta en escena reside uno de los logros de la institución londinense con sus recién inauguradas salas del Medievo y el Renacimiento, un recorrido por la historia del arte y la cultura en Europa desde el año 300 de nuestra era hasta los albores del siglo XVII.
Las diez galerías que, repartidas en dos plantas, ocupan todo un ala del monumental edificio victoriano se traducen en un ambicioso fresco cultural dibujado por 1.800 objetos, amalgama de arte románico, gótico y renacentista, religioso y profano, ahora reorganizada de forma cronológica y temática. El nuevo espacio presenta no sólo una colección de obras maestras, sino también de sus contextos, a través de piezas tan frágiles como los cuadernos de Leonardo da Vinci o joyas a gran escala entre las que destaca el altar del convento de Santa Clara de Florencia. De mosaicos, fuentes, cruces y estandartes, armaduras, ricos ropajes y tapices procedentes de los importantes fondos textiles del museo, depositario de uno de los fondos de artes decorativas más importantes del mundo. El conjunto se desgrana en una nómina apabullante a la que una reforma de 30 millones de euros y siete años de trabajo han conseguido extraer todo su brillo.

La exposición rehúye de la visión imperante sobre el Medievo y el Renacimiento como dos épocas antitéticas, y en su conjunto encara el dilatado periodo desde el declive del imperio romano hasta el 1600 como una transición fluida en la que convergen las fuentes bizantina, medieval, clásica y gótica. También se subrayan las influencias entre el norte y el sur de Europa, así como con otros continentes e imperios. Noticia completa

06/12/2009

ARTE | Un legado polémico La Tate duda del comité que vela por la autenticidad del legado de Warhol


No es la primera vez que a una obra de Warhol se le discute la autenticidad. Lo novedoso es que en el embrollo se vea envuelta la Tate Modern. Y no porque algún coleccionista le haya dado gato por liebre a sus responsables sino por lo contrario: porque éstos han optado por ser cautos y no comprar un autorretrato del artista cuya autoría empezaba a estar en disputa.

La decisión de la Tate es tan cabal como controvertida. Cabal porque pone a salvo el dinero del contribuyente -nada menos que dos millones de libras- de una posible desvalorización. Controvertida porque su responsable, Nicholas Serota, está convencido de la autoría de la obra y toma la decisión persuadido por las presiones de un oscuro organismo neoyorquino responsable de certificar las obras del padre del Pop Art.

La obra de la discordia es uno de los 10 autorretratos de Warhol sobre fondo rojo, propiedad del coleccionista Anthony D'Offay. Un tratante con experiencia y prestigio suficiente como para haber sido víctima de un desaprensivo. El foco no está, pues, en D'Offay sino en el consejo que otorga el sello de autenticidad de las obras de Warhol. Entre otras cosas porque no es la primera vez que se le acusa de tomar decisiones sin fundamento. Y tampoco la primera que pone en su punto de mira los autorretratos rojos.

El diario 'The Guardian' desvelaba ayer otros dos casos recientes. El primero, el del explorador submarino David Mearns, que acusa a los albaceas de Warhol de "conspirar para sacar" todos los autorretratos rojos del mercado del arte. El ejemplar que él posee lo compró su padre hace 30 años y su familia no tiene ningún interés en venderlo. Sin embargo, el consejo de autenticidad le llamó de repente invitándolo a someter la obra a su criterio. Según Mearns, con la intención aviesa de ponerle el sello de "denegado" por detrás y destrozar su valor de cara a una posible venta.

El segundo caso atañe al productor americano Joe Simon, que demandó al consejo en 2007 después de que éste sacara del mercado el autorretrato descartando su autenticidad. "Mis familiares y mis amigos compraron una casa", decía, "yo me compré un warhol porque amaba su trabajo y porque lo había conocido cuando era niño". En su demanda, Simon acusa al consejo de ser juez y parte cuando analiza la autoría de las obras. Noticia completa

01/12/2009

El Teatro Romano de Sagunto mira al futuro


En 2010 se acometerán las obras de accesibilidad del Teatro Romano de Sagunto, se rehabilitará el muro tras dos décadas de falta de mantenimiento, se acometerá un proyecto de instalaciones que, por ejemplo, implicará un cambio de los sistemas eléctricos y, por fin, se rescatará el viejo proyecto museístico que dará valor cultural al monumento. Tras dos décadas de litigio, el Teatro Romano mira por fin al futuro. Un futuro en el que las instituciones valencianas pueden completar las nunca totalmente terminadas obras de rehabilitación e impulsar un monumento que no ha llegado al límite de su potencial turístico y cultural. "Hay que aprovechar la crujía cubierta entre los dos muros y diseñar un espacio museístico para entender las partes del monumento y su significado", explica la directora de Patrimonio, Paz Olmos. La responsable del Consell reconoce que el teatro necesita un lavado de cara tras 20 años en los que "la Generalitat tenía dudas de la permanencia de la intervención".
Si bien fue el Partido Popular, a través del ex diputado Juan Marco Molines, el que inició el litigio contra la rehabilitación impulsada por el Consell cuando gobernaba el socialista Joan Lerma, la vía judicial ha supuesto en los últimos lustros para los populares una patata caliente.

Una sentencia del Supremo de finales de 2007 validaba la del Tribunal Superior de Justicia (TSJ) de la Comunidad Valenciana que ordenó en 2003 el derribo del muro de cierre de la escena hasta una altura de 1,2 metros y la retirada de las gradas de mármol. Justo los elementos emblemáticos que convirtieron las obras de los arquitectos Giorgio Grassi y Manuel Portaceli en un trabajo estudiado por arquitectos de todo el mundo.

Finalmente, el Supremo ha optado por cerrar el caso atendiendo a la petición del Consell y del Ayuntamiento de respetar la intervención ante la premisa de que la rehabilitación sería totalmente legal con la normativa ahora vigente y ante la imposibilidad de revertir la obra a su estado anterior. Un estado primigenio que por otra parte era fruto de cuatro décadas de restauraciones dudosas tras la que prácticamente todo lo visible de las ruinas era artificial.

Por eso, la decisión del Supremo ha logrado un inusual consenso.

Discrepa el arquitecto Manuel Portaceli, dispuesto ahora a celebrar la preservación de su obra tras muchos meses en los que la vio a merced de la piqueta. "En todos los congresos internacionales en los que se ha debatido el proyecto, causaba estupor la sentencia; incluso los que no compartían los criterios se preguntaban ¿si la ley actual permite esa rehabilitación por qué van a demolerlo?". Y aunque Portaceli opina que los años de litigio han empobrecido, por miedo, el panorama de las intervenciones de rehabilitación en monumentos, cree que ahora hay que mirar adelante. En cuanto al futuro museo, es consciente de que el Consell no les llamará para acometerlo. Noticia completa