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| Galería central del museo del Prado, verano 2011 |
El Carlos V en la Batalla de Mühlberg, de Tiziano, frente a Las meninas de Velázquez, con La familia de Carlos IV, de Goya al fondo componen una imagen que da idea de la nueva concepción de la galería. Son 59 cuadros con los que se hace un recorrido por la historia de la pintura europea a partir de las colecciones del Prado. Comienza con la pintura del siglo XVI, con Tiziano como figura central (el museo tiene medio centenar de obras suyas), y culmina a finales del siglo XVIII con Goya.
Alejandro Vergara, responsable de conservación de Pintura Flamenca de la pinacoteca, resumía ayer así la filosofía de esta remodelación: "No siempre menos es más y aquí podemos presumir de que tenemos lo mejor de los mejores".
Para evidenciar la importancia de la trasformación de la parte más vistosa de la pinacoteca, la puesta en escena de ayer estuvo al nivel de los grandes acontecimientos. Gabriele Finaldi, director adjunto y responsable de esta remodelación complementaria de la ampliación de Moneo (el arquitecto se encontraba ayer entre los asistentes), hizo que los conservadores jefes dieran a conocer las transformaciones en cada área: Miguel Falomir, en el ámbito de la pintura italiana hasta 1700; Javier Portús, en el de la pintura española hasta 1700; Leticia Ruiz se ocupó de la pintura española del siglo XVI y primer tercio del XVII, y Alejandro Vergara, de la pintura flamenca. Finaldi asegura que se ha tratado de mostrar el corazón del museo a través de sus mayores riquezas. "Hace dos años, empezó el cambio. La ampliación de Moneo nos dejó 25 salas disponibles en Villanueva. Nuestro objetivo ha sido conseguir que el espacio favorezca las colecciones y aprovechar la luz natural de esta galería".
Para Finaldi, la joya indiscutible es Velázquez y en torno a él se han dispuesto los demás tesoros. "Los criterios y lecturas pueden ser muy variados, pero Velázquez es el icono de este museo y el enlace entre escuelas", explicó. Miguel Portús resumía la esencia del pintor sevillano asegurando que Velázquez no es solo el corazón sino también las arterias del museo. "Su discurso se puede seguir de una manera cronológica y temática y en él confluye toda la historia de este museo".
Pero si todo confluye en Velázquez, es Tiziano el iniciador del recorrido. Miguel Falomir recordó que Tiziano fue el pintor más cotizado por los Habsburgo españoles y la colección se creó alrededor de él. Por ello, el paseo arranca con La Gloria, la obra que Carlos V encargó al pintor para que presidiera su sepultura en el monasterio de Yuste.
El espectáculo de obras prosigue con El lavatorio, de Tintoretto, frente a Adán y Eva, de Tiziano, y la copia de este cuadro que hizo Rubens, junto a pinturas de Carracci, Horacio Gentileschi o Guido Reni.
La obra de Rubens (Las tres Gracias, La Adoración de los Reyes) es fundamental en el recorrido. Tanto en la galería central como en la sala dedicada a la pintura flamenca del XVII. Para Alejandro Vergara, no hay duda: ningún museo supera la colección de Rubens que posee El Prado, tal como se ha visto en una reciente exposición. "Tampoco nos superan en obras de Van Dyck, a quien el próximo año el museo dedicará una exposición antológica, además de estar presente en nueve salas de manera permanente".
